6 DE DICIEMBRE: NADA QUE CELEBRAR
Otro año más, y ya van 45, los estómagos agradecidos del Régimen nos cantarán las bondades de la Constitución del 78 y nuestro deber de preservar su existencia, de la cual depende el bienestar de la de aquellos.
45 años de decepciones, mentiras y burlas al pueblo español, que con tanta ilusión e ingenuidad creyó inaugurar una época de modernidad, convivencia y bienestar que dejara unas bases sólidas de desarrollo moral y material imperecedero para generaciones futuras.
Así nos lo vendieron. Y la realidad ha sido otra, más dura y más oscura.
La Constitución del 78 —en realidad una “Carta Otorgada”— no es más que papel mojado. Una carta escrita a los Reyes Magos plagada de buenos deseos e intenciones pero sin habilitar un poder jurídico fuerte, independiente y con capacidades resolutivas que obligue a los órganos del estado a cumplirla.
¿Porqué nació así? En su ADN está la respuesta. Oscuros intereses de la época se conjugaron para redactar un texto impreciso y dúctil de interpretación, lo que ha permitido fomentar una endogamia en el poder de una oligarquía financiera-intelectual-política que se ha perpetuado con unos intereses bastardos comunes: cobrar sus prebendas a cambio de desarrollar en España un modelo económico y social ideal para servir de ejemplo de sociedad-tipo de la Globalización Capitalista.
Este modelo está claramente descrito en el análisis de James Petras (uno de los más prestigiosos sociólogos de finales del XX-principios del XXI) del año 1995 conocido como “Informe James Petras” donde describía a la España del momento: un organismo amorfo vampirizado por entes supranacionales debido a sus cesiones de soberanía nacional, y la España del futuro (ahora presente); con su descomposición material y de valores comunitarios y solidarios finiquitados, ahogada en la masa pastosa del Capitalismo Global. Aquí tenemos a ese ser humano-estándar: sin patria, sin identidad, sin sexo, sin familia, sin pasado ni futuro, bien fácil de someter.
Desde PUEBLO tenemos muy claro que la antítesis de esa nociva Globalización Capitalista es el estado-nación, la única herramienta posible en éstos momentos para proteger a las clases trabajadoras frente a la barbarie capitalista, y palanca para la regeneración ética y moral del pueblo español hacia una sociedad avanzada que contribuya a apuntalar la totalidad de la Civilización Europea, tan amenazada también en su propia supervivencia por los mismos problemas.
Esta es una lucha a muerte entre la civilización y la barbarie, en la que los patriotas no vamos a rendir pleitesía a monarquías decrépitas, especuladores financieros ni cuentos de hadas cada 6 de diciembre.
